¿Es éste el rasguño de las huellas del viento,
en busca del rostro húmedo que se esconde
tras el crepúsculo insolente
de mi mirada?
¿Es esta la Sangre herida que derrama la saliva necesaria,
para pronunciar las palabras
que trabajan la voz del eco de mi mirada?
En el camino penoso, el río se seca sin esperanza.
En los espirales de polvo, el viento perdió su confianza,
para atascarse en la voz que se embriaga de mutismo.
Y mi mirada… descarga sus rocas
en el infinito de la nada.
Allí donde los sueños agonizan por la culpa
de haber existido…
De haberse pronunciado en algún destello
de mi mirada,
hacia el infinito vacío de mi alma…
Anabella, entre fiebre y noche, va tejiendo y destejiendo su glosario de sentimientos, sin encontrar en las comas un salto bendito o el portal del infierno.
Recostada sobre el lomo del caballo, su figura se ve débil, su rostro escondido entre la oscuridad del camino cubierto por arboledas frondosas de aguijones. De vez en cuando siente la caricia tibia de la luna que vigila los pensamientos que laten en la piel de su rostro.
Tenedme aquí… ¡oh silencio nocturno!
Entre tus piernas que marcan un paso a destiempo en el suelo negro del campo
y una manta fría e infinita que pesa en mi pecho espinado.
Tenedme indefensa ante tu arma más filosa y letal:
Tu presencia que asegura mi soledad…
¿Habéis visto a ese hombre que me observa?
Lleva en sus labios tu firma,
y en sus manos
el destino que quise tal vez muera,
para arrojarme a los brazos de la incertidumbre
y alimentarme a pan de espera.
Aquel caballero que la había cubierto con su capa y la había protegido de la noche vistiendo su sangre, no pronunciaba palabra ante el rostro confuso de Anabella. De vez en cuando detenía su caballo, se aseguraba que ella estuviera cubierta y con la temperatura adecuada, le acercaba agua para que la bebiera en pequeños sorbos, le acomodaba su cabello, le acariciaba sus párpados para que Anabella no esforzara su mirada tratando de reconocerlo.
Aquel caballero solo caminaba con paso lento, a veces a un costado y otras delante del caballo. A paso lento pero seguro. Como si hubiese dado ya todos aquellos pasos y los recordara a la perfección. Como si dudar no estuviese permitido en su andar, como si estuviera bendecido por los dioses y nada nunca le pasaría.
En algunos momentos detenía su andar, descansaba sus piernas recostado en algún árbol, encendía una fogata y colocaba el cuerpo enfermo de Anabella cerca del calor, de la luz… la miraba detenidamente… no hablaba con voz pronunciada, pero sus pensamientos chillaban en su cabeza sin dejarlo reposar.
Ha mudado el brillo de una estrella a un cuerpo de mujer.
Se ha mudado sin saber
que la piel brotada de penas ha obstaculizado su transparencia.
Son sus ojos cerrados, la promesa esperada de un universo
dispuesto,
sólo a mirarme…
Atento,
sólo a sinceramente reflejarme.
Son sus labios temblorosos el laberinto sin salida,
que jura el beso dulce al despertar
y la pasión hambrientamente desmedida,
que al llegar la noche me inicia…
¿Es ese latido la razón de mí ser?...
Seré digno en esta mediocre vida
sólo si habito
al menos un latido
de ésta mujer.
Anabella no tenía noción del tiempo transcurrido. Había sido acariciada por la luna y besada por el sol tantas veces que perdió la cuenta ilógica que llevaba.
Ya con su cuerpo algo fuerte, pudo observar las flores del camino, sentir el aroma del viento que le daba la bienvenida, escuchar el aleteo de los pájaros en el cielo y divisar a lo alto de una colina una silueta de castillo. Miró a su guía caminante y volvió a ver su espalda larga…
Anabella abría y cerraba sus ojos, como si no quisiera perder detalle, para volver… para quedarse. Pero su mirada estaba llena de palabras dolorosas y prefería silenciarse por cortesía a quien la había salvado o raptado, aún no lo sabía.
Aquel noble caballero, tomó el cuerpo de Anabella una vez llegaron a su destino, y con suaves movimientos la trasladó hasta un cómodo lugar y allí la dejó descansar. Al tiempo las sirvientas del noble, le acercaron algo de ropa a la desconocida, unas frutas y prepararon el agua caliente con pétalos de perfumadas flores para que ella tomara un reconfortante baño.
¿Sois aún la mujer tirada en la hierba fría de la noche,
que ha mudado su respiración a un lugar irreal?
Se preguntaba Anabella una y otra vez.
Arrodillada, se dijo:
¿Cubro mi hambre con el silencio que se acerca?
¿Alimento mis labios con el aire de los suspiros
perdidos en el camino?
¿Abrigo mis manos con las flores secas
que se hacen polvo… al igual de quien soy?
O quien fui…
¿O abro mi pequeño universo
a la inmensa incertidumbre que me espera
tras todas las puertas?
Nada vive en mí…
Hasta el pasado me ha abandonado…
Siento como siente el polen de las flores.
O el rayo de la luna sobre un camino que termina.
O la gota que salpica en una cascada y se pierde
de ser la maravilla esperada…
Por alguna razón… aun siento…
Y para ello, no tengo explicación.
Se abrió la puerta despacio, y el noble señor se quedó paralizado ante su Eva.
La mirada de Anabella tenía sabor a Eva, su rostro su cuerpo su totalidad se habían transformado... y podrían ser lo que aquel noble caballero pidiera.
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9 discordia:
Impresionante trabajo, Eris!!!...el texto es sobrecogedor y las fotografías muy buenas...felicidades y gracias por compartirlo!!!
Un gran abrazo...ah, y FELICES FIESTAS...nos vemos el próximo año!!! ;)
Un trabajo muy completo Eris, ya conocía a tu personaje Anabela, veo que le das seguimiento si continúas así, podrías lograr un libro sobre Anabela. Felicitaciones amiga, Muy profesional.
Besos.
Magistral tu entrada, Eris. Ese diálogo entre Anabella y su poesía resulta de una inspiración y una creatividad que tan sola tu podías darle.
Te abrazo.
BIENVENIDA QUERIDA ERIS!
extrañaba mucho tus palabras, tus fabulosos escritos! Como éste de hoy. Un trabajo maravilloso y muy bien logrado. Palabras e imágenes de gran belleza desplegadas como sólo vos saabes hacerlo. Permíteme enmudecer !!!
Va mi abrazo!
Durante unos minutos he tratado de hilvanar un comentario, pero ¿qué decir cuando me he quedado sin palabras?
Esta vez me iré dejando sólo una felicitación y un beso
Un buen post Eris, mis felicitaciones, siempre es un placer pasar por tu bonito espacio.
estos días tan señalados deseo
pases unas felices navidades.
¡felices fiestas!.
un abrazo.
Siempre resulta complicado comentarte, tejes tiempos y realidades, tejes vísperas y recuerdos, entretejes líneas cercanas a tu realidad con hilos de cometa que sujetan tus sueños y todo es sencillo si tú lo escribes y todo es complejo si tú lo callas.
Pero leerte es vértigo y fascinación. Luego, releerte, es lluvia entre álamos.
Beso.
Javier Herque.
Eris, solo un minuto de tu tiempo:
TE deseo que el año que se avecina, te traiga todo aquello que te haga feliz o al menos aquello que mas necesites.
Un abrazo enorme, querida!
FELIZ 2012!
Hola Eris que disfrutes estos días de fiesta,
y para el nuevo año que llega se cumplan tus ilusiones.
¡¡feliz año 2012!!.
un abrazo.
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